Los MiedosLa Ansiedad Hackeando Nuestra Posibilidad De Bienestar
Isha Judd

Desactivar los condicionamientos que están basados en miedo y que nos transforman en robots.
En la vida tenemos siempre dos opciones: podemos elegir amar o temer, abrir o cerrar, confiar o dudar. Podemos mostrarnos como somos o escondernos de los ojos del mundo; culpar a otros por nuestras limitaciones o responsabilizarnos del cambio interior.
En última instancia, todas las elecciones de nuestras vidas nos llevan a ésta. Muy a menudo elegimos el temor, nos sentimos seguros cuando no asumimos riesgos, sin percibir que eso no es vivir de verdad.
Los invito a transformar sus vidas aprendiendo a asumir la responsabilidad por sus elecciones: a elegir el amor en cada momento.
*Algo primordial es aprender a estar en el momento presente, a quitarle el poder a la frenética carrera que nuestros pensamientos tienen entre el pasado y el futuro, agotando nuestro organismo con adrenalina. Estos niveles de estrés producen un desgaste físico, mental, emocional y energético, afectando todo en nuestro organismo.
*Debemos hallar una base estable sobre la cual poder construir una vida de paz, confianza y seguridad. Para ello, debemos convertirnos en testigos de nuestra mente. ¿Alguna vez te has preocupado por algo todo el día para descubrir finalmente que no había nada de qué preocuparse? ¿O que se diera el peor de los escenarios y luego ver que todo estaba bien? Todos hacemos esto.
Uno de los aspectos más importantes es aprender a desactivar los condicionamientos que están basados en miedo y que nos transforman en robots, desconectados de nuestras emociones, y para ello debemos aprender a observar la mente. Sin esta habilidad, seguiremos manipulados y controlados por nuestro intelecto.
Ser testigos de la mente significa anclarnos en nuestro interior, en lugar de reaccionar, con estrés y ansiedad basadas en el miedo.
Pero, ¿de dónde nace ese miedo en primer lugar?
Estos condicionamientos nos impiden tener una experiencia inocente y libre del momento presente. Es como si miráramos por una ventana sucia, teñida por cada experiencia, emoción, situación, – sea que lo recordemos o no – que ha quedado grabada allí. Y es desde ese lugar que seguimos repitiendo nuestras mismas reacciones, cayendo una y otra vez en los mismos patrones.
El poder transformarnos internamente en lugar de estar intentando cambiar a los demás, nos permite desarmar nuestros patrones aprendidos que tanto hemos repetido hasta creernos que son la verdad. Y llega un momento en el que lo que no soportábamos o tolerábamos de nosotros mismos o de los demás, simplemente cambia o nos deja de afectar.
El miedo permanece grabado y hace que uno viva en el pasado y no, aquí, ahora, nuevo, apretando el botón de refresh, donde la abundancia del amor y la dicha comienza a ser un flujo constante y no puede hacer otra cosa más que dar.
Dar, no por ver al otro como víctima o poniéndose en el papel del gran salvador, sino porque el placer del dar es uno de los sentimientos más elevados que nuestra expresión de amor puede tener y con el que nuestro corazón puede palpitar, una vez que ha aprendido quien verdaderamente es, disfrutando del momento presente, dejando ir esas programaciones repetitivas de miedo y auto destrucción.
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